viernes, 9 de mayo de 2008

Ayer tuve que buscar traje y corbata a juego con el protocolo. Sólo así me dejaron entrar en la catedral de la Almudena y cubrir el funeral de Estado en memoria del ex presidente Calvo Sotelo. Desde el coro de la iglesia pudo seguir la prensa el oficio, a cargo del cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y presidido por la Familia Real. El Gobierno en pleno – a excepción de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez- asistió al acto religioso, que contó con la presencia de los presidentes del Congreso y Senado, los del Tribunal Constitucional y Supremo, los ex presidente González y Aznar, los presidentes autonómicos, el alto representante de la Unión Europea Javier Solana y un sinfín de representantes de las embajadas y del cuerpo diplomático. Los defensores del protocolo alegan que este tipo de actos refuerza las instituciones democráticas, aunque tengamos un Gobierno que, al menos por ahora, dé palos de ciego en su intento de reforzar la aconfesionalidad del Estado. Parece que todavía siguen siendo mayoría los que defienden que la solemnidad es tal si cuenta con la liturgia religiosa. Lo de menos, claro, es el traje y la corbata.