lunes, 5 de mayo de 2008

La prensa ha hecho un loable ejercicio de actualización a rebufo de la conmemoración del bicentenario del Dos de Mayo. El País, El Mundo, Abc y La Razón han simulado el periódico que habría salido a la calle un 3 de mayo para narrar la sublevación española de 1808. A los que estamos acostumbrados a pulsar la realidad a partir de los titulares a una, dos, tres o cuatro columnas, no deja de sorprendernos la apertura de una portada a toda página dando cuenta de una sublevación de 200 años antes, con su desfile de los Daoíz y Velarde incluido.

La prensa escrita, dicen, ya no es lo que era; pero sigue siendo el guión del periodismo. Por eso es importante qué y cómo recoge el periódico día tras día y sin descanso. A diferencia del Dos de Mayo (donde por no existir, no existía ni la fotografía), la muerte de Leopoldo Calvo Sotelo se ha comparado con lo que la prensa contó cuando a éste le tocó gobernar el país tras el 23-F. Ya se sabe que la muerte humaniza al difunto porque los vivos se afanan porque así se haga. Calvo Sotelo fue "un hombre de Estado", "leal y honesto", "artífice de la Transición", aunque las hemerotecas no lo perciban así. Buena es la recomendación que las mujeres del entorno familiar de otro ex presidente del Gobierno, Felipe González, defendía para las suyos cada vez que veían desfilar al difunto: "Dios nos libre del día de las alabanzas".
Digo esto después de que se constante, una vez más, aquello de que el tiempo suaviza las opiniones, como bien sabe la historia. Ejemplos no faltan en la prensa de ayer, tras el fallecimiento de Calvo Sotelo:
1) "Su derrota electoral en 1982 fue excesiva. No se merecía Calvo Sotelo la debacle, pero tuvo que hacer frente al signo de los tiempos, encabezado por el político más importante que ha producido el siglo XX: Felipe González, como Cánovas del Castillo lo fue en el XIX. Calvo Sotelo lo sabía muy bien", escribe Luis María Anson, periodista.
2) El cuarto presidente del periodo democrático, José María Aznar, aporta su punto de vista: "Con más de 80 años, no quiso callar ante la ignominia y nos dio una lección de coraje cívico. En estos últimos años los españoles le vimos respaldar, en compañía de otros cientos de miles de ciudadanos, las manifestaciones de las víctimas del terrorismo contra la negociación política del Gobierno socialista con los terroristas".
3) Pero una página antes, Alberto Oliart, ministro de Defensa en el Gobierno de Calvo Sotelo, defiende: "A través de su ministro del Interior, se llevaron a cabo discretas negociaciones con ETA, que fructificaron en el abandono de los polimilis de la organización terrorista".