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viernes, 12 de junio de 2009

El fútbol y la burbuja

Si alguien tenía alguna duda sobre la mentalidad con la que se gestó la crisis económica mundial sólo tiene que mirar, tras frotarse los ojos, al último fichaje de un jugador de fútbol por parte del Real Madrid. Pura ficción, aunque vendida al aficionado como ilusión. Un constructor accede por segunda vez a la presidencia del club y pone en circulación millones y millones de euros y libras en traspasos, contratos y comisiones para crear un activo a imagen y semejanza de las hipotecas basura que tanto dolor de cabeza han producido al ciudadano medio. Ya se ha hecho el cálculo: el montante global del traspaso del jugador, de 24 años, le costará al Real Madrid más de 2.800 euros ¡¡¡a la hora!!! si se suman los costes del traspaso y el salario.

El resto es ganar dinero hasta que se nublen las entendederas, haciendo de la historia un ciclo donde ya está escrito el principio galáctico y el arrepentimiento final. Tiempo al tiempo.

lunes, 1 de junio de 2009

Cambio de rumbo

A la vuelta a Madrid después de unos días de disipación en la Feria de Lora, anoche encendí la tele esperando que me causara el habitual letargo. En Antena 3 apareció un nuevo programa del que había estado leyendo esa misma tarde en el tren. Según el periódico del domingo, Cambio de rumbo es un espacio de reportajes protagonizado por personas que han sabido aprovechar situaciones difíciles para convertirlas en una oportunidad de éxito personal, sentimental o profesional. Tiene el aire de esa factoría de programas que, invariablemente, cambian su título según la ubicación geográfica: andaluces, madrileños, españoles… por el mundo. Me gustó por su sencillez: no aguanta la comparación con otros formatos que intentan vender la superación personal, estilo Supervivientes (Telecinco) o Perdidos en la tribu (Cuatro). Así lo explicó en su momento Enric González (que escribe en El País, editado por Prisa, empresa propietaria de Cuatro):
Evidentemente, las reglas de Perdidos en la tribu son las reglas televisivas: todo se convierte en plató, todo el mundo es personaje, todo responde a un guión. Todo está arreglado, en fin, para que parezca real, sin serlo. ¿Alguien espera, en serio, que el brujo de la tribu se coma a un concursante?
Todo esto para llegar al guión. Desde hace unos años parecía que estaba escrito que el Betis terminaría purgando sus males con un descenso de categoría. Ayer, cuando aún no se tenían noticias del desenlace, aparecía publicada una columna de Manuel Vicent, de la que destaco esta idea:
En cualquier club de fútbol existen tres problemas: uno en el palco, otro en el banquillo y uno más en el vestuario. El palco está a merced de unos tiburones, que se dan dentelladas en forma de abrazos bajo el escudo del club; el banquillo lo componen los jugadores titulares y reservas, listos para saltar al campo; en el vestuario se mueven esos mismos jugadores, que recién duchados se convierten en divos musculados, muñecos llenos de pasiones entre el heroísmo y la fatuidad.
Vicent hablaba de Guardiola y de esa sinfonía de equipo que es hoy el FC Barcelona. “Lo difícil es sortear con habilidad los intereses de los tiburones del palco e imponer su personalidad en el nido de alacranes del vestuario”, decía del entrenador culé. El Betis necesita una catarsis para reflotar, un auténtico cambio de rumbo que no quede hipotecado por falsos salvadores. Estoy seguro de que no hay bético que no sepa por dónde hay que comenzar.

Mi equipo es el Sevilla y tengo muy buenos amigos béticos. Ánimo a todos.