lunes, 12 de mayo de 2008

“Majestad, ¿me permite hacerle una pregunta?”. La obligación del periodista es intentarlo, aunque ayer dijésemos que el protocolo no suele dejar margen a la improvisación. El Rey se detiene y la periodista de El Mundo-Magazine se explica: “Estoy preparando un reportaje sobre el presidente Zapatero. ¿Podría darme por favor su opinión sobre él, como persona?”. Entramos en un terreno pantanoso, donde afloran las envidias profesionales, puesto que Don Juan Carlos suele hablar de los presidentes cuando han fallecido (caso de Calvo Sotelo). Pero esta vez contesta: “Sí. Es un hombre muy honesto, muy recto, que no divaga (…) Él sabe muy bien hacia qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas. Tiene profundas convicciones. Es un ser humano íntegro”. El Rey del por qué no te callas reina, pero a veces también gobierna la opinión pública.

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A veces, aunque los políticos se arropen de todo un gabinete de expertos en comunicación, asesores de imagen y subsecretarios, no pueden evitar horrorizarse por la espontaneidad de una imagen que debería haber ilustrado la solidaridad con el débil. La reacción de la vicepresidenta De la Vega así lo demuestra.