Un crimen es un crimen es un crimen es un crimen, como advierte cada vez que puede Arcadi Espada. Todavía se dice y se escribe “le mató porque le quería”, “por celos” o “se suicidó porque se peleó con su familia”. El periodismo suele hacer mal su trabajo cuando invade el campo de la psicología o de la adivinación o del presentimiento o de la rumorología. Ante cualquier tema espinoso, el periodismo (y la sociedad) se las tiene que ver con las dobles palabras, es decir, con los eufemismos. Pasa en materias como la Justicia, la energía nuclear (la central de Ascó es noticia hoy, con escolares pasando revisiones médicas tras exponerse a una radiación que, en primer término, fue rebajada a la anécdota y a un breve en los informativos) o con los trasvases de agua. El presidente del Gobierno que ha participado esta mañana en la apertura solemne de la legislatura dijo en la campaña electoral que mientras él fuera el jefe del Ejecutivo no habría trasvase del Ebro. Ahora ha cambiado de opinión: existe una emergencia en Barcelona por la carestía del agua y ha autorizado que se lleve agua del delta del Ebro, concretamente de aquélla que “se pierde al circular por viejas acequias abiertas”. No es un trasvase, sino un minitrasvase, y no afecta al caudal del río. He aquí la clave: se trata de aprovechar el agua que se pierde. Pero un trasvase es un trasvase es un trasvase es un trasvase.
Apuntes. “Esas aguas que van al mar, después se vuelven a evaporar en el sistema atmosférico, vuelven a formar nubes, vuelve a llover… Estamos en un ciclo continuo donde nada se pierde, nada; lo que hay que entender es el funcionamiento de la dinámica de un río (…) El problema es que elementos básicos como el agua o el aire se están utilizando como arma política (… ) El río se tiene que desbordar, y esos sedimentos sirven para favorecer la dinámica natural” (Jorge Olcina, geógrafo).