domingo, 27 de abril de 2008

El discurso de ingreso en la Real Academia Española del escritor Javier Marías lleva por título Sobre la dificultad de contar. Son 56 páginas, incluyendo la contestación de Francisco Rico, de reflexión en torno a la ficción. "No sería descabellado decir que contar cabalmente lo ocurrido —eso a lo que el hombre aspira desde hace siglos, y por lo que se esfuerza, y que de hecho cree lograr a veces— es del todo imposible". Javier Marías publica también en los periódicos, por lo que podría resultar descorazonador para la profesión periodística su advertencia sobre la imposibilidad de contar los hechos reales. "Sólo se puede contar cabalmente lo que nunca ha sucedido, lo inventado e imaginado". Vaya, una mala noticia para la heroíca afirmación de que el periodismo tiene (o debe tener) la responsabilidad de evitar que el mundo se convierta en una frase hecha. Veremos cómo se encaja el discurso académico en el titular de mañana. Todo apunta a que el periodismo se las tendrá que ver una vez más con la literatura y su superioridad.

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EEUU, el país modélico. Aquí somos más efusivos: pasamos de un exacerbado antiamericanismo a embelesarnos por sus procedimientos y formas. No tenemos remedio. Todos los periodistas compararon los debates televisados de las primarias demócratas entre Hillary y Obama con los de Zapatero y Rajoy, con aquellos encorsetados monólogos ante la atenta mirada del periodista rebajado a la categoría de cronometrador. La campaña nuestra terminó (aunque no del todo en el debate intrapartidista), pero la de EEUU continúa para regocijo del Partido Republicano. En el último cara a cara, el candidato a la Casa Blanca Barack Obama tuvo que responder a las trascendentales preguntas del periodista de turno, que libre de toda atadura, se interesó en directo sobre el porqué de la renuncia de éste a llevar una insignia con la bandera norteamericana en la solapa del traje de chaqueta. Otra pregunta: "¿Considera que su pastor ama América tanto como usted?". Se alega que en la cultura anglosajona se es más íntegro; quizás por eso se penaliza más un escándolo sexual que una guerra ilegal.