jueves, 1 de noviembre de 2007

Es primero de noviembre y honramos a los muertos. Todos los países están marcados por su pasado. Por eso la ilustración determina a Francia y las artes a Italia. España se caracteriza por su misticismo: desde los Reyes Católicos, muchos fueron los Caudillos (hombres y mujeres) que gobernaron por la gracia de Dios. El primero de noviembre es hoy un día festivo que arrastra la resaca de una jornada, la de ayer, donde los difuntos protagonizaron la política. El Congreso aprobó la Ley de la Memoria Histórica con el rechazo del PP y ERC y la sentencia del 11-M estableció las penas para los culpables del atentado y las indemnizaciones para las víctimas. La religiosidad española establece unas conductas un tanto puritanas. Así, los defensores de la religión única en España defienden que el Papa de Roma beatifique a casi 500 curas asesinados durante la Guerra Civil pero montan en cólera (la ira divina) contra aquellos mortales que, aunque respetan que los beatos ocupen los altares, reclaman una ley que anule los juicios sumarísimos del franquismo al tiempo que garantice un descanso digno para los familiares que fueron torturados, mutilados y/o asesinados por la gracia a la que antes nos referíamos.
Por esto mismo no entiendo qué “autor intelectual” busca el partido de Mariano Rajoy en los atentados del 11-M. Cómo si no estuviese meridianamente claro: los terroristas islamistas asesinaron en Madrid a 191 personas incitados por Alá. Hete aquí el “autor intelectual” de tantas muertes.
Por esto mismo hay que aclarar un par de cosas: 1) No hay ninguna evidencia de que los terroristas planeasen un cambio electoral en España a través de la matanza del 11-M, como alegan unos. 2) Tampoco que la participación española en la invasión de Irak decidiera a sus autores el llevarla a cabo, como alegan otros (pese a que sí hay expertos en la materia – Fernando Reinares, Antonio Elorza - que defienden que la participación española en Irak “precipitó” los acontecimientos e “incrementó” la amenaza). Lo contrario sería otorgarle un grado de razonamiento estratégico a la acción del terror, es decir sería como unir las palabras ‘autor intelectual’ y ‘atentado terrorista’. Esto cuando, en el mundo de los justos (éste, el nuestro), queremos creer para protegernos de la ignominia que los asesinos son cualquier cosa menos inteligentes.