miércoles, 31 de octubre de 2007

11-M, la sentencia. España es el único país que, habiendo sufrido un atentado terrorista de corte islamista, ha juzgado y condenado a sus autores materiales con penas de cárcel. Yo destacaría cuatro puntos de la sentencia, firmada por unanimidad por el tribunal y leída esta mañana por el presidente del mismo, el magistrado Javier Gómez Bermúdez: 1) La sentencia contempla un histórico reconocimiento, con cantidades que van de 30.000 a un millón y medio de euros, para las 191 víctimas (192 si se suma al policía que falleció en el suicidio de Leganés) y los múltiples heridos; 2) La dinamita utilizada en los atentados fue Goma 2 ECO procedente de Mina Conchita(en Avilés, Asturias); 3) Ninguna prueba apunta a ETA; 4) Rabei Osman el Sayed, ‘El Egipcio’, para el que la fiscalía solicitaba una pena de cárcel muy alta por instigador del atentado, finalmente ha quedado absuelto.

11-M, las consecuencias políticas. En la larga investigación de la comisión parlamentaria y del posterior juicio quedan, para la consulta de todos, las intervenciones de algunos responsables políticos. Yo destacaría a dos: el portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, y el portavoz popular en la comisión parlamentaria del 11-M, Jaime Ignacio del Burgo, con una fértil publicación de libros y artículos difundiendo todo tipo de patrañas. Algunos capítulos: el PP llegó a pedir la anulación de la instrucción sumarial del juez del Olmo, un sumario que ha sido ratificado por la sentencia del juez; el hoy eurodiputado del PP Agustín Díaz de Mera, ex director general de la Policía que detuvo a los condenados por el 11-M, dijo que existía un informe que probaba la conexión entre ETA y Al Qaeda, cuando era justamente lo contrario. Al PP no le ha preocupado todo este tiempo la imagen que dio un Gobierno que primero emitió una conclusión y luego, desde la oposición, buscó pruebas a posteriori que la sustentaran. Una advertencia: el error del PSOE sería imitar al PP en este capítulo e intentar devolverle el golpe volviendo la vista atrás; sería como darle cierto valor a toda una patraña que quedará en la historia de este país para escarnio de sus defensores.

11-M, el papel de los medios de comunicación. No hay lugar para “agujeros negros” o teorías que señalen a una conspiración estrambótica. Lo demás sería abundar en lo dicho arriba. Un dato: Emilio Suárez Trashorra, ex minero de donde salió la dinamita que estalló en los trenes de Cercanías la mañana del 11 de marzo, ha sido condenado a más de 30.000 años de cárcel por ser cooperador necesario de la matanza; es el mismo Emilio Suárez Trashorra que el 4 y el 5 de septiembre de 2006 ocupó la portada de un periódico nacional. “Soy víctima de un golpe de Estado encubierto por los Cuerpos de Seguridad”, decía este delincuente, que apuntaba a múltiples conexiones entre los islamistas detenidos y la banda terrorista ETA.

11-M, una última reflexión. Sería absurdo hacer un análisis desde el punto de vista de lo que el PP ha dicho (vídeo de la FAES presidida por el ex presidente Aznar, por ejemplo) o de lo que queda por decir sobre este capítulo. Perdieron las elecciones justamente porque la mayoría de los españoles le retiraron su confianza. Cualquier teoría o deseo o duda o pseudoinvestigación se tendrá que enfrentar a la única verdad posible: la verdad judicial. Es muy probable que a partir de ahora se hable mucho sobre la ausencia de una condena para el “autor intelectual” del 11-M después de que ‘El Egipcio’ haya quedado absuelto: tuvo una defensa que denunció con éxito la debilidad de las pruebas contra su cliente, basadas en unas confusas grabaciones en Italia. Forma parte del Estado de derecho, reforzado indiscutiblemente tras este juicio.