ETA ha intentado matar a Gabriel Ginés, escolta de un concejal socialista de Galdakao (Bilbao). ETA, otra vez; horas después de que el juez Garzón ordenara la detención de la cúpula de dirigentes de Batasuna, brazo político de la banda terrorista. Batasuna tuvo la oportunidad, durante el fallido proceso de paz asumido por el presidente Zapatero, de marcar distancias con respecto al tutelaje que ejerce ETA a fuerza de chantaje y terror. No quiso. Es irrelevante que ahora diga que el Gobierno impide a Batasuna ejercer sus derechos como ciudadanos para hacer política. La libertad y los derechos ciudadanos son importantes, pero no tanto como el derecho fundamental a la vida. El mensaje es inequívoco: si los asesinos de ETA amenazan las libertades de los ciudadanos que no piensan como ellos, el Estado de derecho se mostrará resolutivo contra cualquier formación que dé cobertura a sus amenazas.
Pernando Barrena es uno de los portavoces más conocidos de Batasuna. Un día antes del último atentado fallido de ETA amenazó a los españoles: se avecina un ciclo de violencia, dijo. Tan rápido como es para montar una rueda de prensa en repulsa por lo que él entiende como ataques a la ‘izquierda abertzale’, Barrena se escondió el día del atentado. No quiso condenarlo. Tampoco formaciones políticas como el Partido Comunista de las Tierras Vascas o Acción Nacionalista Vasca que, de acuerdo a lo anunciado por el Gobierno, deberían ser investigadas (ya lo son) por si se dan las condiciones para que sean ilegalizadas, como así parece. Sin victimismos; las víctimas son las que sufren la extorsión y la amenaza terrorista. El ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, no pude apelar a la “jugada política” para proceder a la ilegalización de estas formaciones, entre otras cosas porque niega la necesaria independencia judicial para actuar en este tipo de procedimientos.
El Partido Popular actúa como una formación política que parece no ser una alternativa al Gobierno socialista y, lo que es más paradójico, como si no hubiera gobernado nunca. Varios políticos populares culparon al Gobierno de Zapatero del atentado sufrido por Gabriel Ginés. Es insólito: el único culpable es ETA y quienes le amparan, y por eso la cúpula de Batasuna está actualmente en la cárcel. A lo mejor no se dan cuenta, pero culpan al presidente del Gobierno con palabras parecidas a las que utiliza deleznablemente el Barrena de turno. No se puede hacer política con la lucha antiterrorista, que de acuerdo al Pacto Antiterrorista, tiene que liderar el Gobierno con el apoyo del principal partido de la oposición.
La mañana en que el presidente y varios de sus ministros, junto a la cúpula mayor del Ejército, se reunían con el Rey y el Príncipe en la primera reunión del Consejo Nacional de Defensa, Mariano Rajoy colgaba en Internet un asombroso vídeo en el que reclamaba a los españoles que honren y exhiban la bandera española con motivo de la festividad del 12 de octubre. Con un formato institucional, reforzado por una escenografía habitual de los tradicionales mensajes del Rey el 24 de diciembre, el líder del PP tuvo un pronto como imitador: parecería el Jefe del Estado y de los Ejércitos si no fuera porque no iba vestido con el traje de militar que corresponde a don Juan Carlos. Rajoy demostró que en el delirio de la política no todo está visto, aunque particularmente espero que no le coja gusto.
Y las juventudes políticas. Durante la celebración de la Fiesta Nacional, las juventudes del PP convocaron a sus bases para que hicieran campaña en defensa de su nuevo leit motiv: “Somos España”. Semanas atrás, las juventudes del PSOE subieron a Internet un vídeo en el que ridiculizan a todos aquellos jóvenes que no defiendan la asignatura Educación para la Ciudadanía. Sin darse cuenta, los primeros que se ridiculizaban eran los promotores de ese vídeo, calificado de “simpático” por un Zapatero que renuncia demasiado a menudo al traje y las palabras de un presidente del Gobierno.