Ayer le entregaron en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando al compositor Antón García Abril el Premio Iberoamericano de Música Tomás Luis de Victoria. Realmente fui por si el ministro de Cultura, César Antonio de Molina, nos ofrecía a los medios un nuevo capítulo de declaraciones cruzadas y alocadas como consecuencia del robo de varios mapamundis de la Biblioteca Nacional. El ministro no hizo declaraciones, con lo que los presentes nos pudimos recrear en el 'Cuarteto para el nuevo milenio', última obra del homenajeado. García Abril tiene que ser un creador infatigable de la llamada música culta. Ha trabajado para el cine (Pilar Miró o Mario Camus), la ópera y el teatro. Tras recoger el premio, sus palabras fueron lúcidas, justas, inteligentes. Me interesó la preocupación de los presentes por dejar fluir el proceso creativo: "la lógica de lo difuso".
Sin pretenderlo (y después de perseguir, por encargo de la empresa, al político por los pasillos donde se celebró el acto: sitio solemne en la madrileña calle de Alcalá), comprobé una vez más el sinsentido del periodismo de declaraciones. Hay políticos propensos a las declaraciones y periódicos encantados con ello. José Blanco, Ángel Acebes, Mayor Oreja, Aznar... Pero el preferido hoy por hoy es Carod Rovira, que ha relevado a Xabier Arzalluz del puesto de honor en la tribuna de los titulares.