Dos personas dialogan en la última página de un periódico. Son filósofos y están vivos. Emilio Lledó, el menos joven, cita a Aristóteles y dice: “Me tengo que mirar al espejo para saber quién soy”. Aparte de ser reconocido como maestro, es profesor (de profesión, quiero decir). “Yo siento que ser profesor es una función social, no eres un individuo sino parte de una comunidad. Yo sentía que yo no era importante, pero sí mi función. Mil veces haría lo que he hecho, si naciera mil veces”. Carlos García Simón, el más joven, está preocupado: "Mi preocupación ahora es que la política se convierta en periodismo". Sí; la política copia las malas formas del periodismo actual. Excesiva banalidad y escasa profesionalidad, por decirlo brevemente. Luego está la costumbre de maltratar el lenguaje más allá de lo justificable (no es fácil saber escribir). “El lenguaje pasa de ser casa y se convierte en cárcel”, dice García Simón.
Por otra parte, el periodista Arcadi Espada critica la reciente redacción de un texto político-jurídico: “La incapacidad de la actual dirigencia política, cien veces probada, para redactar textos legales claros, concisos y eficaces resume su gestión”. Sólo hay que trazar el paralelismo: la incapacidad de los árbitros españoles, como jueces deportivos, para redactar las actas de lo acontecido en el terreno de juego resume también su pésima gestión. Una cosa conlleva lo otro, pero no sé en qué orden: ¿eres mal juez, árbitro, filósofo o periodista porque escribes mal o escribes mal porque eres mal juez, árbitro, filósofo o periodista?
Una vez, en la Universidad, tratamos con una profesora la compleja redacción de otro profesor que nos traía de cabeza por las bajas calificaciones. Los alumnos debíamos de ser un poco tontos porque no entendíamos las explicaciones del prestigioso profesor. La conclusión fue esclarecedora: este profesor escribía mal adrede. No éramos tan tontos los demás. No obstante, leo en El silencio de la escritura, publicado por Emilio Lledó cuando éste era un poco más joven que ahora: “Lo escrito no sólo habla, también confunde”.
Malos tiempos para el periodismo. Cada vez que oigo esto, inevitablemente, me río. Me acuerdo de Enric González: es cierto que el periodismo actual no da grandes satisfacciones (sobre todo económicas), pero esto ha sido así siempre; aunque peor anda la minería.