
Barack Obama, presidente (ver www.vegainformacion.es)
El 44º presidente de los EEUU pasará a la historia como el primer presidente negro. Barack Obama, el candidato de 47 años del Partido Demócrata que ha liderado todos los sondeos previos a la cita con las urnas, ocupará los próximos cuatro años el sillón de mando de la primera potencia del mundo.
Pero más allá de la cita con la historia, Obama tendrá que confrontar toda la ilusión depositada sobre él (que ha traspaso fronteras) con una realidad dominada por la urgencia de una crisis económica mundial. Una coyuntura económica que ha sido el epílogo de una presidencia, la de George W. Bush, que dejará su cargo con el lastre de ser catalogado como el peor presidente de la historia; pero, sobre todo, una situación económica que parece haber sido determinante en la movilización del voto.
El presidente electo empezó a jalonar su triunfo cuando, en el mes de septiembre, la crisis financiera llamó a las puertas de Wall Street. Aquí se asentó su ventaja. Pero antes, en febrero de 2007, cuando presentó su candidatura a un Partido Demócrata que apostaba por la senadora por Nueva York Hillary Clinton, Obama consiguió con cada discurso ir revelándose como un carismático político, capaz de conectar con amplias capas de la compleja sociedad estadounidense. Todos los focos viraron hacia la historia de este hijo de inmigrantes de orígenes africanos como el protagonista de la campaña, el rival a batir.
La práctica totalidad de los medios de comunicación quedaron cautivados por la oratoria del senador de Illinois que prometía un cambio con respecto a los últimos ocho años de políticas erráticas, un periodo en el que EEUU sufrió el zarpazo del terrorismo el 11 de septiembre de 2001 y, consecuentemente, dejó a un lado el multilateralismo para declarar la guerra a Afganistán e Irak. El nuevo contrato de Barack Obama, apuntalado por una brillante campaña, prometía una nueva oportunidad para el pueblo estadounidense: tenía un plan para reconducir la situación, y resultaba creíble.
Los analistas y estudiosos de la materia tienen un nuevo campo de trabajo, una vez que existe unanimidad en señalar que Internet es para Obama lo que la televisión fue para el presidente Kennedy: una plataforma para un marketing político sin precedentes. Internet ha sido la atalaya desde la que se ha propagado el mensaje del candidato y el epicentro de toda una estrategia recaudatoria que ha terminado por pulverizar todos los récords anteriores.
Son de tal envergadura los desafíos que planean en el horizonte de EEUU y del resto del mundo, que la Administración Obama tendrá que trabajar muy duro para que, aunque importante, la única página que quede marcada en los anales de la historia no sea la de que el 44º presidente fue un hombre negro. Esto es desde hoy una conquista de su campaña, pero Barack Obama ya no tiene que demostrar que es un magnífico candidato; ahora tiene que estar a la altura de las expectativas levantadas y erigirse como un buen presidente.