Diario de (pre)campaña. El orden de las factores sí es importante en política. No es lo mismo Pizarro-Gallardón que Gallardón-Pizarro. El pasado lunes, por la tarde, mientras Mariano Rajoy entraba en el Salón de Columnas del Círculo de Bellas Artes acompañado por Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón, en Zaragoza una fuente filtraba a la Cadena Ser que el ex presidente de Endesa, Manuel Pizarro, era el elegido como número dos de Rajoy en las listas del PP por Madrid. Cuenta la prensa que fue Aguirre quien, en medio del homenaje a Francisco Umbral, se acercó a Rajoy para advertirle del urgente. Gallardón subió al estrado para dedicar unas emotivas palabras a Umbral. "Hoy no es el día", contestó al presentador del acto, Fernando Sánchez Dragó, quien había bromeado con la posibilidad de que el regidor confirmara lo que todo el mundo daba por hecho, esto es que iría en las listas. Gallardón parecía feliz. El día siguiente, martes, Rajoy confirmó el fichaje de Pizarro por la mañana a preguntas de los periodistas y, por la tarde, esta vez en secreto, ejerció de árbitro en el duelo Aguirre-Gallardón; casero, pero árbitro a fin de cuentas. El malestar en amplios sectores del PP resume la crítica generalizada: Rajoy ha hecho una mala gestión de los tiempos políticos. Primero, por retrasar hasta el último minuto el sí/no a Gallardón (aparte de las formas) y, segundo, porque el efecto Gallardón ha oscurecido el efecto Pizarro. Los que aplauden la decisión de Rajoy alegan que ha reforzado su liderazgo y que demuestra que quiere ganar las elecciones. Es una minoría; la mayoría piensa que Rajoy es un mal candidato con un mal equipo (ahí siguen Acebes y Zaplana) que va a perder las elecciones porque, a todo lo anterior, se suma la falta de percepción de una necesidad de cambio en la sociedad. Tiempo al tiempo: si se cumple el vaticinio, Gallardón será el culpable de la derrota.
Ayer por la tarde, estaba en el Hotel Intercontinental una de las figuras políticas más respetadas más allá del electorado del PP, Rodrigo Rato. Alejado de la política activa, el ex presidente del FMI y ex responsable económico del Gobierno de Aznar presentó un libro de un colega sobre yoga y filosofía oriental. Allí se habló de un mal muy extendido en la sociedad actual: el "triunfador fracaso". Gallardón no estaba en la sala.