El Círculo de Bellas Artes (CBA) de Madrid es uno de esos lugares que hacen más habitable cualquier ciudad. El día (el pasado martes) que estuve escuchando al director de la Real Academia de la Lengua, Víctor García de la Concha, disertar sobre la vida y obra del escritor Gonzalo Torrente Ballester, las numerosas salas del CBA acogían, que yo sepa, un recital de poesía, un taller de pintura, una exposición de la mejor fotografía del siglo XX... Todo a la vez. Además, en la plata baja, se encuentra la librería Antonio Machado, muy solicitada por personajes de la cultura y de la política. Aquel día, allá que estaba comprando a diestro y siniestro el diputado popular Vicente Martínez Pujalte, tan campechano él como resulta desde la tribuna del Congreso de los Diputados cuando no tiene un día excesivamente rebelde. Pujalte dijo ayer que respeta la decisión del presidente del Congreso, Manuel Marín, de abandonar la política activa. No quiso recordar el bochornoso numerito que montó en las Cortes, tanto que obligó a Marín a ordenarle que abandonara su escaño. Hoy un periódico dice en su portada que Marín lo deja porque es "otra víctima de Zapatero".
Aquella tarde-noche, reconozco que salí mareado por tanto libro. El periodista Juan Cruz tomó la palabra para felicitar a las editoriales que han reeditado diez títulos de Torrente Ballester, premiado con el Príncipe de Asturias y el Cervantes. Víctor García de la Concha, impecable como acostumbra cuando se trata de hablar de literatura, recordó a Torrente como “el señor de las palabras”, siempre silbando y muy charlatán, como “buen orteguiano”. El autor de ‘Los gozos y las sombras’ era, según el director de la Academia, “Cervantes puro”. Anoto aquí el campo semántico que, según García de la Concha, comparte el núcleo de significación de la obra de Torrente: inteligencia corrosiva; novela inagotable; modernidad literaria; Galicia (“un pueblo lógico situado en una tierra mágica”); logomaquia; novela centrífuga; juego de espejos; mitos, leyendas, humor; etcétera. El enunciado de la estética de Torrente quedó dicho por él mismo: “Todo lo que se puede nombrar es real”.