viernes, 14 de septiembre de 2007

El curso político ha comenzado como acostumbra cuando se avecinan unas elecciones generales: alterado. PSOE y PP se esmeran por controlar la agenda política mirando más hacia sus filas que hacia el electorado con el objetivo de engrasar las maquinarias de ambos partidos. Los socialistas miran a Cataluña y Andalucía a sabiendas de que sin la movilización de las bases en estas regiones será complicado obtener la mayoría suficiente para gobernar, mientras que los populares juegan a la silla con un Ruiz-Gallardón empecinado en acompañar a Mariano Rajoy en las listas al Congreso y un Manuel Fraga – quién lo diría – apelando a la necesidad de preparar la renovación en la dirección del partido – aviso a los Acebes y Zaplana -. Justo cuando el Gobierno recupera la palabra España para autodefinirse, la economía arrojar números rojos, sobre todo en lo referente a las rentas familiares, la parte más sensible para decantar el voto.

Y a esto, Josu Jon Imaz ha anunciado que deja la política. Si por algo se ha caracterizado el presidente del Partido Nacionalista Vasco es por ser un político pragmático, una voz independiente y discordante de la línea soberanista impulsada por el lehendakari Ibarretxe. Malas noticias, por tanto, por verse cortocircuitada la valiente defensa , desde la colaboración con el Gobierno central, para hacer frente al desafío planteado por ETA. El pragmatismo de Imaz le ha obligado a dimitir: sería peor seguir en el cargo y provocar una escisión dentro del PNV que, a la larga, diera todavía más poder a la línea dura de este partido.