El caso Madeleine y el periodismo de sucesos. Ayer vi una película basada en los últimos días del periodista del Wall Street Journal Daniel Pearl, decapitado en Pakistán cuando intentaba entrevistar a un jeque árabe siguiendo una pista sobre el terrorismo islamista desencadenado tras el 11-S y la guerra en el vecino Afganistán. La protagonista es Angelina Jolie en el papel de Mariane, la mujer de Daniel, periodista que vivía también en Pakistán cuando ocurrieron los hechos. Entre lo vivido cuando Daniel Pearl y lo vivido cuando Madeleine existe una coincidencia: el papel que juega la prensa para narrar el sufrimiento de una familia que se tiene que enfrentar a la desaparición de una persona querida. Los periodistas están ahí para contarlo y, cada vez que ocurre una noticia desagradable - un accidente, una muerte -, la pieza más codiciada es el testimonio de los familiares que conocían a la víctima. Casi siempre es desagradable acercarse a un hermano, un padre o una abuela para preguntarle cómo era, qué hacía, qué ocurrió; el tratamiento informativo que se hace del dolor ajeno hace el resto ya que, habitualmente, más que informar sobre una desgracia los jefes de los medios deciden recrearse en ello. Es la audiencia. Pero el periodista, en primera instancia, tiene que preguntar.
La niña Madeleine, desaparecida en el sur de Portugal, ha hecho famosos a sus padres. Los McCann son unos ciudadanos británicos que han orquestado una campaña publicitaria sin precendentes con el objetivo de encontar a su hija. Para ello, Beckam, Laura Bush o incluso el papa Benedicto XVI han colaborado en la recaudación millonaria. Los medios de comunicación han pasado de la solidaridad con los McCann a la desconfianza generalizada. Ahora los padres son sospechosos de encubrir la desaparición de la menor. El tratamiento: días y días abriendo programas televisivos y portadas de periódicos con los McCann de camino a la iglesia, los McCann compareciendo ante la policía, los McCann paseando a los hermanos gemelos de Madeleine, etc. Nada nuevo, la prensa británica - como sus instituciones políticas: véase el caso Lady Di - es una gran conocedora del negocio.
Vicente Verdú reflexionaba hace unos días sobre esta noticia en suspense: "Los medios han encontrado en el caso Madeleine el nuevo modelo de información sensacionalista: no a través del modelo del accidente, la catástrofe natural o el crimen consumado, sino del thriller. Durante la última época, casi cualquier acontecimiento fue sustituido por el modelo del accidente, sin apenas conexión con el pasado y el porvenir. Ahora toca el turno al modelo de la incertidumbre. Los medios logran aumentar la audiencia comportándose como entregas de una peripecia -en la incertidumbre de lo económico, en la incertidumbre de los fichajes futbolísticos, en las incertidumbres de las negociaciones con Irán- y estimulando la demanda informativa a través de esa expectación más continua y garantizada que a través de la gran sorpresa".