ETA ha vuelto a atentar con coche bomba contra una casa cuartel de la Guardia Civil en Durango (Vizcaya) porque está convencida de que vive de la publicidad. Ha provocado heridas leves a dos personas y cuantiosos daños materiales. Su objetivo final es socializar el terror, hacerlo extensible a toda la sociedad. En el ideario terrorista, asesinar es un acto de propaganda al igual que la extorsión económica a empresarios es un impuesto revolucionario. Rafael Sánchez Ferlosio lo explica así: “Si a un terrorista, por una parte, y a un soldado, por la otra, el hombre que cada uno de ellos va a matar se les muere de un rayo unos momentos antes, para el soldado será tan valedero, según su propio fin, el efecto de tal rayo como si a su fusil fuese debido, mientras que el terrorista juzgará que el rayo ha desbaratado su propósito y frustrado su fin (…) Lo que le importa al terrorista, a diferencia del soldado, no es el que su víctima muera (esté muerta), cosa que está desentendida de quién sea o no sea el agente, sino poner (tener) en su haber nominal el haberla matado”. Dicho de otra forma, no es ya matar/atentar sino poder enunciar yo he matado/atentado. La publicidad no siempre es racional...
... También puede ser emocional. Luis Bassat es un publicitista de prestigio porque conoce los entresijos de la comunicación. Además, sabe vender. "El mundo sin publicidad es la tristeza" pero "la publicidad con ruido es ineficaz", sostiene en una entrevista en 'La Clave'. La buena publicidad, entonces, es "original, memorable, y capaz de vender producto y hacer marca". Es el binomio entre lo racional y lo emocional: "En los primeros años de este negocio la publicidad era racional, difundía las ventajas del producto, pero luego todos los artículos empezaron a parecerse, todos eran igual de buenos, ya no había elementos racionales, y nació lo emocional. Se dejó de hablar de las ventajas de los productos y se habló de la personalidad del consumidor". Pero, al final, volvemos al principio: "La gente busca información y datos".