lunes, 19 de mayo de 2008

Lo peor que le puede pasar a un partido político es que la opinión pública entienda que están supeditados al aquelarre. Entiendo que el Partido Popular, una formación seria y necesaria, no teme tanto a las posibles "conspiraciones" que ven los llamados mediáticamente marianistas de manos del sector duro, como al posible castigo electoral que suele suceder a las divisiones internas de los partidos. En esto, el PP tampoco es tan diferente del PSOE, si bien es significativa la incapacidad de Génova para facilitar un congreso que dé con la solución: ¿un Zapatero para el PP?. Ya se verá. El desfile de los agraviados por Rajoy añade a María San Gil, un referente moral para el electorado más allá del País Vasco. Según la presidenta del PP vasco, Rajoy tiene un problema de liderazgo. Tiene razón: parecía que el líder apoyaba un posicionamiento más moderado del PP con los nacionalistas que, con el enfado de San Gil, ha sido finalmente borrado de la ponencia política que será debatida en el congreso popular del próximo mes de junio. El problema de Rajoy es que transmite a la opinión pública un quiero pero no puedo. Así desde el 14 de marzo de 2004.

Apuntes. Según el diccionario de la Academia, aquelarre: "Junta o reunión nocturna de brujos y brujas, con la supuesta intervención del demonio ordinariamente en figura de macho cabrío, para la práctica de las artes de esta superstición". Dicho sea metafóricamente y con respeto para quien tenga que asumir el papel protagonista de macho cabrío (sin discriminaciones de género), en caso de que se confirme tal.

lunes, 12 de mayo de 2008

“Majestad, ¿me permite hacerle una pregunta?”. La obligación del periodista es intentarlo, aunque ayer dijésemos que el protocolo no suele dejar margen a la improvisación. El Rey se detiene y la periodista de El Mundo-Magazine se explica: “Estoy preparando un reportaje sobre el presidente Zapatero. ¿Podría darme por favor su opinión sobre él, como persona?”. Entramos en un terreno pantanoso, donde afloran las envidias profesionales, puesto que Don Juan Carlos suele hablar de los presidentes cuando han fallecido (caso de Calvo Sotelo). Pero esta vez contesta: “Sí. Es un hombre muy honesto, muy recto, que no divaga (…) Él sabe muy bien hacia qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas. Tiene profundas convicciones. Es un ser humano íntegro”. El Rey del por qué no te callas reina, pero a veces también gobierna la opinión pública.

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A veces, aunque los políticos se arropen de todo un gabinete de expertos en comunicación, asesores de imagen y subsecretarios, no pueden evitar horrorizarse por la espontaneidad de una imagen que debería haber ilustrado la solidaridad con el débil. La reacción de la vicepresidenta De la Vega así lo demuestra.

viernes, 9 de mayo de 2008

Ayer tuve que buscar traje y corbata a juego con el protocolo. Sólo así me dejaron entrar en la catedral de la Almudena y cubrir el funeral de Estado en memoria del ex presidente Calvo Sotelo. Desde el coro de la iglesia pudo seguir la prensa el oficio, a cargo del cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y presidido por la Familia Real. El Gobierno en pleno – a excepción de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez- asistió al acto religioso, que contó con la presencia de los presidentes del Congreso y Senado, los del Tribunal Constitucional y Supremo, los ex presidente González y Aznar, los presidentes autonómicos, el alto representante de la Unión Europea Javier Solana y un sinfín de representantes de las embajadas y del cuerpo diplomático. Los defensores del protocolo alegan que este tipo de actos refuerza las instituciones democráticas, aunque tengamos un Gobierno que, al menos por ahora, dé palos de ciego en su intento de reforzar la aconfesionalidad del Estado. Parece que todavía siguen siendo mayoría los que defienden que la solemnidad es tal si cuenta con la liturgia religiosa. Lo de menos, claro, es el traje y la corbata.

lunes, 5 de mayo de 2008

La prensa ha hecho un loable ejercicio de actualización a rebufo de la conmemoración del bicentenario del Dos de Mayo. El País, El Mundo, Abc y La Razón han simulado el periódico que habría salido a la calle un 3 de mayo para narrar la sublevación española de 1808. A los que estamos acostumbrados a pulsar la realidad a partir de los titulares a una, dos, tres o cuatro columnas, no deja de sorprendernos la apertura de una portada a toda página dando cuenta de una sublevación de 200 años antes, con su desfile de los Daoíz y Velarde incluido.

La prensa escrita, dicen, ya no es lo que era; pero sigue siendo el guión del periodismo. Por eso es importante qué y cómo recoge el periódico día tras día y sin descanso. A diferencia del Dos de Mayo (donde por no existir, no existía ni la fotografía), la muerte de Leopoldo Calvo Sotelo se ha comparado con lo que la prensa contó cuando a éste le tocó gobernar el país tras el 23-F. Ya se sabe que la muerte humaniza al difunto porque los vivos se afanan porque así se haga. Calvo Sotelo fue "un hombre de Estado", "leal y honesto", "artífice de la Transición", aunque las hemerotecas no lo perciban así. Buena es la recomendación que las mujeres del entorno familiar de otro ex presidente del Gobierno, Felipe González, defendía para las suyos cada vez que veían desfilar al difunto: "Dios nos libre del día de las alabanzas".
Digo esto después de que se constante, una vez más, aquello de que el tiempo suaviza las opiniones, como bien sabe la historia. Ejemplos no faltan en la prensa de ayer, tras el fallecimiento de Calvo Sotelo:
1) "Su derrota electoral en 1982 fue excesiva. No se merecía Calvo Sotelo la debacle, pero tuvo que hacer frente al signo de los tiempos, encabezado por el político más importante que ha producido el siglo XX: Felipe González, como Cánovas del Castillo lo fue en el XIX. Calvo Sotelo lo sabía muy bien", escribe Luis María Anson, periodista.
2) El cuarto presidente del periodo democrático, José María Aznar, aporta su punto de vista: "Con más de 80 años, no quiso callar ante la ignominia y nos dio una lección de coraje cívico. En estos últimos años los españoles le vimos respaldar, en compañía de otros cientos de miles de ciudadanos, las manifestaciones de las víctimas del terrorismo contra la negociación política del Gobierno socialista con los terroristas".
3) Pero una página antes, Alberto Oliart, ministro de Defensa en el Gobierno de Calvo Sotelo, defiende: "A través de su ministro del Interior, se llevaron a cabo discretas negociaciones con ETA, que fructificaron en el abandono de los polimilis de la organización terrorista".