11-M, la sentencia. España es el único país que, habiendo sufrido un atentado terrorista de corte islamista, ha juzgado y condenado a sus autores materiales con penas de cárcel. Yo destacaría cuatro puntos de la sentencia, firmada por unanimidad por el tribunal y leída esta mañana por el presidente del mismo, el magistrado Javier Gómez Bermúdez: 1) La sentencia contempla un histórico reconocimiento, con cantidades que van de 30.000 a un millón y medio de euros, para las 191 víctimas (192 si se suma al policía que falleció en el suicidio de Leganés) y los múltiples heridos; 2) La dinamita utilizada en los atentados fue Goma 2 ECO procedente de Mina Conchita(en Avilés, Asturias); 3) Ninguna prueba apunta a ETA; 4) Rabei Osman el Sayed, ‘El Egipcio’, para el que la fiscalía solicitaba una pena de cárcel muy alta por instigador del atentado, finalmente ha quedado absuelto.
11-M, las consecuencias políticas. En la larga investigación de la comisión parlamentaria y del posterior juicio quedan, para la consulta de todos, las intervenciones de algunos responsables políticos. Yo destacaría a dos: el portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, y el portavoz popular en la comisión parlamentaria del 11-M, Jaime Ignacio del Burgo, con una fértil publicación de libros y artículos difundiendo todo tipo de patrañas. Algunos capítulos: el PP llegó a pedir la anulación de la instrucción sumarial del juez del Olmo, un sumario que ha sido ratificado por la sentencia del juez; el hoy eurodiputado del PP Agustín Díaz de Mera, ex director general de la Policía que detuvo a los condenados por el 11-M, dijo que existía un informe que probaba la conexión entre ETA y Al Qaeda, cuando era justamente lo contrario. Al PP no le ha preocupado todo este tiempo la imagen que dio un Gobierno que primero emitió una conclusión y luego, desde la oposición, buscó pruebas a posteriori que la sustentaran. Una advertencia: el error del PSOE sería imitar al PP en este capítulo e intentar devolverle el golpe volviendo la vista atrás; sería como darle cierto valor a toda una patraña que quedará en la historia de este país para escarnio de sus defensores.
11-M, el papel de los medios de comunicación. No hay lugar para “agujeros negros” o teorías que señalen a una conspiración estrambótica. Lo demás sería abundar en lo dicho arriba. Un dato: Emilio Suárez Trashorra, ex minero de donde salió la dinamita que estalló en los trenes de Cercanías la mañana del 11 de marzo, ha sido condenado a más de 30.000 años de cárcel por ser cooperador necesario de la matanza; es el mismo Emilio Suárez Trashorra que el 4 y el 5 de septiembre de 2006 ocupó la portada de un periódico nacional. “Soy víctima de un golpe de Estado encubierto por los Cuerpos de Seguridad”, decía este delincuente, que apuntaba a múltiples conexiones entre los islamistas detenidos y la banda terrorista ETA.
11-M, una última reflexión. Sería absurdo hacer un análisis desde el punto de vista de lo que el PP ha dicho (vídeo de la FAES presidida por el ex presidente Aznar, por ejemplo) o de lo que queda por decir sobre este capítulo. Perdieron las elecciones justamente porque la mayoría de los españoles le retiraron su confianza. Cualquier teoría o deseo o duda o pseudoinvestigación se tendrá que enfrentar a la única verdad posible: la verdad judicial. Es muy probable que a partir de ahora se hable mucho sobre la ausencia de una condena para el “autor intelectual” del 11-M después de que ‘El Egipcio’ haya quedado absuelto: tuvo una defensa que denunció con éxito la debilidad de las pruebas contra su cliente, basadas en unas confusas grabaciones en Italia. Forma parte del Estado de derecho, reforzado indiscutiblemente tras este juicio.
martes, 30 de octubre de 2007
Dos días después del estreno del tranvía de Sevilla, veo en los informativos que el conocido como Metrocentro ha descarrilado. El metro hispalense todavía no ha tenido la posibilidad de darnos un susto porque aún continúan los trabajos. Un capítulo más que se suma a la larga lista de desgracias de las infraestructuras españolas. La llegada de la alta velocidad a Barcelona es otro asunto que trae de cabeza día a día a los ciudadanos y, por ende, a los políticos que se juegan su futuro en las próximas elecciones. Zapatero fue allí el domingo pasado para comprobar de primera mano el malestar de los vecinos, evidente y manifiesto. El bucle de la polémica. Hasta donde me alcanza la memoria, el AVE fue bautizado allá por los años de la Expo de Sevilla como el “avería”, con el sutil juego de palabras que caracteriza al pueblo. En España pocas cosas escapan de la polémica, y cuando se trata de obras de envergadura hay que reconocer que el currículo de la administración pública está repleto de desagravios para el ciudadano. El soterramiento de la M-30 madrileña, proyecto estrella del alcalde Ruiz-Gallardón, es otra de esas iniciativas urbanísticas que puso patas arriba a la capital.
La ampliación del Prado, una de las señas de identidad del país, tampoco ha escapado a la polémica: el claustro de los Jerónimos, en los aledaños al edificio de Villanueva, ha experimentado una rehabilitación que no ha contentado a todos por igual; por no hablar de un crítica siempre presente, que las obras se han alargado en el tiempo y que el dinero presupuestado para tal efecto se ha agrandado notablemente. El otro clásico que acompaña a toda obra de envergadura en España es que, una vez finalizada, la polémica desiste, durmiendo el sueño de los justos.
La ampliación del Prado, una de las señas de identidad del país, tampoco ha escapado a la polémica: el claustro de los Jerónimos, en los aledaños al edificio de Villanueva, ha experimentado una rehabilitación que no ha contentado a todos por igual; por no hablar de un crítica siempre presente, que las obras se han alargado en el tiempo y que el dinero presupuestado para tal efecto se ha agrandado notablemente. El otro clásico que acompaña a toda obra de envergadura en España es que, una vez finalizada, la polémica desiste, durmiendo el sueño de los justos.
viernes, 26 de octubre de 2007
| La cárcel (La Radio de papel) La cárcel se ha convertido en la solución de urgencia para todos aquellos que reclaman un castigo ejemplar, sin mayores miramientos. Son muchos los que se llevaron las manos a la cabeza cuando el Gobierno de Zapatero decidió eliminar un cambio de urgencia en el Código Penal –patrocinado por el anterior gabinete popular-, de forma que sería castigada con cárcel la convocatoria de un referéndum sin la autorización de quien constitucionalmente tiene la potestad para ello: el presidente del Gobierno. La amenaza sería respondida de igual a igual con otra amenaza y el malo de Ibarretxe daría con sus huesos en la cárcel si se empecinaba en su plan soberanista. Últimamente, todos los versados en la disección de la vida privada de cualquier famoso o famosillo que tienen su cobijo en los numerosos programas de televisión han convertido, una vez más, en un auténtico espectáculo, banal y lleno de tópicos al uso, una cobarde agresión racista hacia una joven ecuatoriana en el metro de Barcelona. Estos expertos de la magistratura, estudiosos a buen seguro del Código Penal, no tienen problemas para pasar del análisis sobre los retoños de la duquesa de Alba a, sin solución de continuidad, reivindicar que el joven agresor captado por las cámaras de seguridad del metro tenga un castigo ejemplar: la cárcel. A todo esto, vienen los políticos que, sin pensárselo dos veces, saltan a la palestra para reivindicar con una mano un castigo ejemplar mientras que, con la otra mano, siguen financiando y tolerando a numerosos grupos pseudofascistas que, envueltos en la bandera roja y gualda, pregonan el falso orgullo de ser español desde el punto de vista de la pureza patriótica. España no escapa a los problemas que atañen al resto de sociedades, ya sea el racismo o el cambio climático. Pero lo último que requiere la lucha contra estas amenazas es de castigos ejemplares y soluciones de urgencia semejantes a los golpes de pecho de los partidarios de moldear la justicia y la vida del país según los estados de ánimo. Apuntes. El escritor Manuel Rivas reflexiona sobre la política y el mercado honestos a propósito del cambio climático. Cita a Oystein Dahle, ex presidente de Exxon para Noruega: "El socialismo fracasó porque no permitió que el mercado reflejara la realidad económica. El capitalismo puede fracasar porque no permite que el mercado refleje la realidad ecológica". Otro escritor, Javier Cercas, lo expresa a su manera: "La política no es tener excelentes ideas, sino conseguir que produzcan buenos resultados". |
martes, 23 de octubre de 2007
Ayer por la noche estuve en un acto político de Eduardo Zaplana en el barrio de Chamberí. El portavoz del PP en el Congreso le pidió a los simpatizantes y militantes allí presentes un "último esfuerzo" con vistas a la larga campaña electoral que se nos avecina. Todo marchaba según el guión previsible: vivimos una crisis nacional; España no aguanta otra legislatura de Zapatero; el PP es el partido que mejor defiende los intereses de la nación. Terminó el discurso y se abrió el turno para las preguntas, escritas previamente en un papelito. La primera fue directa al grano: ¿reformará el PP la Ley Electoral para limitar el peso político de los partidos minoritarios de corte nacionalista? Una duda planeó el salón de actos del Hotel Itercontinental-Castellana: si el PP no obtiene mayoría absoluta (como es previsible, según las palabras de Zaplana y las numerosas encuestas), ¿tendrá que tragar con lo defendido hasta ahora y pactar con partidos nacionalistas? Zaplana fue tajante: "Si el PP gana las elecciones gobernará en minoría con total seguridad, porque lo primero que se producirá es una crisis en el PSOE". La gente no parecía muy convencida: "¿Y si perdemos nosotros no habrá crisis interna en el PP?", se oyó entre el público. "Fácil no va a ser porque seríamos un gobierno en minoría, aunque a lo mejor es buena coyuntura para convencer a otros de que hay que reformar la Ley Electoral", añadió Zaplana. Ante las visibles protestas de un sector del público, el portavoz 'popular' elevó el tono para insistir en esta idea-disculpa: "Fácil no va a ser". La autocrítica continuó a propósito del cruce de vídeos entre Rajoy y Zapatero. "Ya sé que el PSOE tiene buen marketing y que trabaja y que tienen medios que le apoyan, pero también sé que nosotros no somos tontos y que vamos a ganar las elecciones", replicó Zaplana ante el revuelo del auditorio. Me imagino que el acto terminaría entre aplausos.
De las palabras de Zaplana se desprende un problema del discurso político: si durante cuatro años, por ejemplo, tú has denunciado el peligro para la unidad de España que representa un estatuto catalán pactado por PSOE y CiU, luego es complicado convencer a ese mismo auditorio de que necesitarás pactar con ese tipo de partidos para gobernar. Porque aquí no hay dudas: las elecciones las gana quien consigue gobernar. El problema del PP es que, a fuerza de repetirlos, ha gastado los términos. Un ejemplo: el desafío (cierto) de Ibarretxe es equiparado por su gravedad con el golpe de Estado del 23-F. El último ejemplo: vivimos una gran crisis nacional por la quema de las fotos del Rey y por la ausencia de la bandera nacional en los balcones de varias decenas de ayuntamientos españoles.
La viñeta de Peridis, hoy. Rajoy le dice a Zapatero: "La subida del salario mínimo producirá paro, inflación y cambio climático". Zapatero se queja: "¡Qué tendrá que ver el salario mínimo con el cambio climático!". "¡Te pillé ZP! Acabas de reconocer que producirá inflación y paro", sentencia Rajoy.
De las palabras de Zaplana se desprende un problema del discurso político: si durante cuatro años, por ejemplo, tú has denunciado el peligro para la unidad de España que representa un estatuto catalán pactado por PSOE y CiU, luego es complicado convencer a ese mismo auditorio de que necesitarás pactar con ese tipo de partidos para gobernar. Porque aquí no hay dudas: las elecciones las gana quien consigue gobernar. El problema del PP es que, a fuerza de repetirlos, ha gastado los términos. Un ejemplo: el desafío (cierto) de Ibarretxe es equiparado por su gravedad con el golpe de Estado del 23-F. El último ejemplo: vivimos una gran crisis nacional por la quema de las fotos del Rey y por la ausencia de la bandera nacional en los balcones de varias decenas de ayuntamientos españoles.
La viñeta de Peridis, hoy. Rajoy le dice a Zapatero: "La subida del salario mínimo producirá paro, inflación y cambio climático". Zapatero se queja: "¡Qué tendrá que ver el salario mínimo con el cambio climático!". "¡Te pillé ZP! Acabas de reconocer que producirá inflación y paro", sentencia Rajoy.
domingo, 21 de octubre de 2007
El desconcierto viene porque, con Internet, el público (tú o yo) es el editor y, como tal, decide qué es noticia. De ahí que la mayoría de las páginas web de cualquier medio de comunicación incorporen una sección con lo más visto y/o lo más leído. No existe mejor sondeo sobre los gustos de los lectores, oyentes, espectadores. Dicen que la democracia está en Internet porque fue aquí donde se inventó el zapping: tú o yo decidimos. Las televisiones y los periódicos se adaptan a los nuevos hitos: las pantallas. La pantalla del televisor, del ordenador o del móvil, claro. Así, el diario 'El País' sale a la calle (que ya es decir: mantiene el formato papel) renovado y con tilde en su cabecera; pero sobre todo con secciones reordenadas y también nuevas. Una de esas secciones se llama "Pantallas".
En una entrevista en 'XL Semanal', el actor Brad Pitt reflexiona sobre el (¿nuevo?) papel del ciudadano como editor. Dice: "Muchos grandes periódicos están cediendo el terreno a su edición en Internet. Por ejemplo, 'Los Angeles Times' verifica cada media hora cuántas visitas tiene cada noticia en su web. Si la noticia no tiene visitas, se quita. La figura del editor, que era el guardián de la información, quien decidía qué necesitábamos saber para comprender lo que ocurre en el mundo, ha desaparecido y el público se convierte en editor. Así que, por ejemplo, si Paris Hilton olvida sus bragas, ésa va a ser la noticia del día, porque es probable que el público entre más a ver a Paris sin bragas que noticias sobre, por ejemplo, contratistas militares que aceptan sobornos o la guerra de Irak".
En una entrevista en 'XL Semanal', el actor Brad Pitt reflexiona sobre el (¿nuevo?) papel del ciudadano como editor. Dice: "Muchos grandes periódicos están cediendo el terreno a su edición en Internet. Por ejemplo, 'Los Angeles Times' verifica cada media hora cuántas visitas tiene cada noticia en su web. Si la noticia no tiene visitas, se quita. La figura del editor, que era el guardián de la información, quien decidía qué necesitábamos saber para comprender lo que ocurre en el mundo, ha desaparecido y el público se convierte en editor. Así que, por ejemplo, si Paris Hilton olvida sus bragas, ésa va a ser la noticia del día, porque es probable que el público entre más a ver a Paris sin bragas que noticias sobre, por ejemplo, contratistas militares que aceptan sobornos o la guerra de Irak".
viernes, 19 de octubre de 2007
Ayer le entregaron en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando al compositor Antón García Abril el Premio Iberoamericano de Música Tomás Luis de Victoria. Realmente fui por si el ministro de Cultura, César Antonio de Molina, nos ofrecía a los medios un nuevo capítulo de declaraciones cruzadas y alocadas como consecuencia del robo de varios mapamundis de la Biblioteca Nacional. El ministro no hizo declaraciones, con lo que los presentes nos pudimos recrear en el 'Cuarteto para el nuevo milenio', última obra del homenajeado. García Abril tiene que ser un creador infatigable de la llamada música culta. Ha trabajado para el cine (Pilar Miró o Mario Camus), la ópera y el teatro. Tras recoger el premio, sus palabras fueron lúcidas, justas, inteligentes. Me interesó la preocupación de los presentes por dejar fluir el proceso creativo: "la lógica de lo difuso".
Sin pretenderlo (y después de perseguir, por encargo de la empresa, al político por los pasillos donde se celebró el acto: sitio solemne en la madrileña calle de Alcalá), comprobé una vez más el sinsentido del periodismo de declaraciones. Hay políticos propensos a las declaraciones y periódicos encantados con ello. José Blanco, Ángel Acebes, Mayor Oreja, Aznar... Pero el preferido hoy por hoy es Carod Rovira, que ha relevado a Xabier Arzalluz del puesto de honor en la tribuna de los titulares.
Sin pretenderlo (y después de perseguir, por encargo de la empresa, al político por los pasillos donde se celebró el acto: sitio solemne en la madrileña calle de Alcalá), comprobé una vez más el sinsentido del periodismo de declaraciones. Hay políticos propensos a las declaraciones y periódicos encantados con ello. José Blanco, Ángel Acebes, Mayor Oreja, Aznar... Pero el preferido hoy por hoy es Carod Rovira, que ha relevado a Xabier Arzalluz del puesto de honor en la tribuna de los titulares.
sábado, 13 de octubre de 2007
ETA ha intentado matar a Gabriel Ginés, escolta de un concejal socialista de Galdakao (Bilbao). ETA, otra vez; horas después de que el juez Garzón ordenara la detención de la cúpula de dirigentes de Batasuna, brazo político de la banda terrorista. Batasuna tuvo la oportunidad, durante el fallido proceso de paz asumido por el presidente Zapatero, de marcar distancias con respecto al tutelaje que ejerce ETA a fuerza de chantaje y terror. No quiso. Es irrelevante que ahora diga que el Gobierno impide a Batasuna ejercer sus derechos como ciudadanos para hacer política. La libertad y los derechos ciudadanos son importantes, pero no tanto como el derecho fundamental a la vida. El mensaje es inequívoco: si los asesinos de ETA amenazan las libertades de los ciudadanos que no piensan como ellos, el Estado de derecho se mostrará resolutivo contra cualquier formación que dé cobertura a sus amenazas.
Pernando Barrena es uno de los portavoces más conocidos de Batasuna. Un día antes del último atentado fallido de ETA amenazó a los españoles: se avecina un ciclo de violencia, dijo. Tan rápido como es para montar una rueda de prensa en repulsa por lo que él entiende como ataques a la ‘izquierda abertzale’, Barrena se escondió el día del atentado. No quiso condenarlo. Tampoco formaciones políticas como el Partido Comunista de las Tierras Vascas o Acción Nacionalista Vasca que, de acuerdo a lo anunciado por el Gobierno, deberían ser investigadas (ya lo son) por si se dan las condiciones para que sean ilegalizadas, como así parece. Sin victimismos; las víctimas son las que sufren la extorsión y la amenaza terrorista. El ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, no pude apelar a la “jugada política” para proceder a la ilegalización de estas formaciones, entre otras cosas porque niega la necesaria independencia judicial para actuar en este tipo de procedimientos.
El Partido Popular actúa como una formación política que parece no ser una alternativa al Gobierno socialista y, lo que es más paradójico, como si no hubiera gobernado nunca. Varios políticos populares culparon al Gobierno de Zapatero del atentado sufrido por Gabriel Ginés. Es insólito: el único culpable es ETA y quienes le amparan, y por eso la cúpula de Batasuna está actualmente en la cárcel. A lo mejor no se dan cuenta, pero culpan al presidente del Gobierno con palabras parecidas a las que utiliza deleznablemente el Barrena de turno. No se puede hacer política con la lucha antiterrorista, que de acuerdo al Pacto Antiterrorista, tiene que liderar el Gobierno con el apoyo del principal partido de la oposición.
La mañana en que el presidente y varios de sus ministros, junto a la cúpula mayor del Ejército, se reunían con el Rey y el Príncipe en la primera reunión del Consejo Nacional de Defensa, Mariano Rajoy colgaba en Internet un asombroso vídeo en el que reclamaba a los españoles que honren y exhiban la bandera española con motivo de la festividad del 12 de octubre. Con un formato institucional, reforzado por una escenografía habitual de los tradicionales mensajes del Rey el 24 de diciembre, el líder del PP tuvo un pronto como imitador: parecería el Jefe del Estado y de los Ejércitos si no fuera porque no iba vestido con el traje de militar que corresponde a don Juan Carlos. Rajoy demostró que en el delirio de la política no todo está visto, aunque particularmente espero que no le coja gusto.
Y las juventudes políticas. Durante la celebración de la Fiesta Nacional, las juventudes del PP convocaron a sus bases para que hicieran campaña en defensa de su nuevo leit motiv: “Somos España”. Semanas atrás, las juventudes del PSOE subieron a Internet un vídeo en el que ridiculizan a todos aquellos jóvenes que no defiendan la asignatura Educación para la Ciudadanía. Sin darse cuenta, los primeros que se ridiculizaban eran los promotores de ese vídeo, calificado de “simpático” por un Zapatero que renuncia demasiado a menudo al traje y las palabras de un presidente del Gobierno.
Pernando Barrena es uno de los portavoces más conocidos de Batasuna. Un día antes del último atentado fallido de ETA amenazó a los españoles: se avecina un ciclo de violencia, dijo. Tan rápido como es para montar una rueda de prensa en repulsa por lo que él entiende como ataques a la ‘izquierda abertzale’, Barrena se escondió el día del atentado. No quiso condenarlo. Tampoco formaciones políticas como el Partido Comunista de las Tierras Vascas o Acción Nacionalista Vasca que, de acuerdo a lo anunciado por el Gobierno, deberían ser investigadas (ya lo son) por si se dan las condiciones para que sean ilegalizadas, como así parece. Sin victimismos; las víctimas son las que sufren la extorsión y la amenaza terrorista. El ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, no pude apelar a la “jugada política” para proceder a la ilegalización de estas formaciones, entre otras cosas porque niega la necesaria independencia judicial para actuar en este tipo de procedimientos.
El Partido Popular actúa como una formación política que parece no ser una alternativa al Gobierno socialista y, lo que es más paradójico, como si no hubiera gobernado nunca. Varios políticos populares culparon al Gobierno de Zapatero del atentado sufrido por Gabriel Ginés. Es insólito: el único culpable es ETA y quienes le amparan, y por eso la cúpula de Batasuna está actualmente en la cárcel. A lo mejor no se dan cuenta, pero culpan al presidente del Gobierno con palabras parecidas a las que utiliza deleznablemente el Barrena de turno. No se puede hacer política con la lucha antiterrorista, que de acuerdo al Pacto Antiterrorista, tiene que liderar el Gobierno con el apoyo del principal partido de la oposición.
La mañana en que el presidente y varios de sus ministros, junto a la cúpula mayor del Ejército, se reunían con el Rey y el Príncipe en la primera reunión del Consejo Nacional de Defensa, Mariano Rajoy colgaba en Internet un asombroso vídeo en el que reclamaba a los españoles que honren y exhiban la bandera española con motivo de la festividad del 12 de octubre. Con un formato institucional, reforzado por una escenografía habitual de los tradicionales mensajes del Rey el 24 de diciembre, el líder del PP tuvo un pronto como imitador: parecería el Jefe del Estado y de los Ejércitos si no fuera porque no iba vestido con el traje de militar que corresponde a don Juan Carlos. Rajoy demostró que en el delirio de la política no todo está visto, aunque particularmente espero que no le coja gusto.
Y las juventudes políticas. Durante la celebración de la Fiesta Nacional, las juventudes del PP convocaron a sus bases para que hicieran campaña en defensa de su nuevo leit motiv: “Somos España”. Semanas atrás, las juventudes del PSOE subieron a Internet un vídeo en el que ridiculizan a todos aquellos jóvenes que no defiendan la asignatura Educación para la Ciudadanía. Sin darse cuenta, los primeros que se ridiculizaban eran los promotores de ese vídeo, calificado de “simpático” por un Zapatero que renuncia demasiado a menudo al traje y las palabras de un presidente del Gobierno.
lunes, 1 de octubre de 2007
Es conocido el comentario del Rey cuando, con el inicio de la transición democrática, mostró su satisfacción porque en España no proliferaran los monárquicos de carné ya que, de otra forma, la defensa a ultranza de la institución monárquica habría impedido el consenso. Dicho de otra forma (por mí): lo único verdaderamente insoportable de las monarquías son algunos monárquicos.
La Corona fue la salida posible desde el franquismo porque hizo valer su papel institucional como contrapeso del Ejército, entre otros poderes fácticos (la Iglesia, entre ellos). Allá por 1977, cuando se discutía aún la forma de Estado en el borrador de la Constitución, el PSOE elevó un voto particular a favor de la República entre un gran estrépito orquestado por una parte de la prensa, que ya por entonces hacía negocio vislumbrando los intereses desestabilizadores de unos y otros. Algo parecido ocurre hoy: cuando unos – según se les califica - jovenzuelos, radicales, antisistemas, separatistas deciden tener su minuto de gloria en los informativos quemando fotografías de los Reyes o la bandera de España, no son pocos los que vislumbran una nueva conspiración en torno al “España se rompe” y, en su amor ciego a la Monarquía, encuadran a la ciudadanía para espetar que un posible cambio de la forma de Estado significa la destrucción de éste y la disgregación de la Nación. Que a nadie se le ocurra, más allá del despropósito pueril de los famosos jovenzuelos, abogar por el federalismo o plantear el advenimiento de la República porque puede ser castigado en la hoguera del descrédito. Tú eres como aquéllos que queman al Rey, dirán.
En la carrera por presentarse como defensores a ultranza de los Reyes, un periódico de ámbito nacional llegó a publicar unas cartas de unas mujeres víctimas del terrorismo de ETA defendiendo la continuidad de la Monarquía. “De nuevo los ciudadanos más sufrientes y sacrificados nos señalan el camino por el que debe discurrir la convivencia nacional”. La contorsión de este planteamiento es manifiesta, aunque es verdad que subyace el verdadero valor de los símbolos nacionales: su significación utilitaria. Allá donde está la bandera española se defienden, como ciudadanos iguales de un mismo país, nuestros derechos y libertades.
Ya digo que todo esto tiene su dosis de sobreactuación. Desde el derrumbamiento del absolutismo, los litigios de los pueblos no se plantean tanto en torno a las formas del Estado como en la defensa de las libertades y de las alternativas de poder que se ofrecen a los ciudadanos.
Luego están las acusaciones veladas sobre el papel que juegan los miembros de la Casa Real en la sociedad actual. El presupuesto que se les designa, los negocios espurios, las declaraciones polémicas. Releo una entrevista a Javier Marías a propósito de la publicación de su libro Verano y sombras y adiós. Me llama la atención –porque coincido plenamente con él- unas palabras sobre el papel del Estado: “Las sociedades actuales exigen transparencia, que se sepa todo. Y creo que eso es erróneo. El Estado ha hecho cosas delictivas, y eso lo sabemos todos. Todos los Estados lo hacen. Pero en esa exigencia de transparencia hay un elemento de hipocresía. Lo normal es que la gente quiera creer que el Estado no hace nada, y hace muchísimas cosas. Y ahora también pasa que siempre que ocurre algo, un accidente, por ejemplo, lo que primero se hace es buscar culpables o responsables, no se acepta el azar. Y eso responde a una soberbia enorme por parte del ser humano. Todos nos podemos equivocar. Yo puedo cometer una falta de ortografía, u otras equivocaciones, todo el mundo está expuesto a equivocarse. En cuanto a los Estados, todos tienen las manos manchadas. Siempre, de siempre. A nadie le puede caber duda de eso. Lo que pasa es que se prefiere ignorar”.
Unión Progreso y Democria (UPD). La nueva formación política, liderada por Rosa Díez con el apoyo de Fernando Savater, Carlos Martínez Gorriarán o Mario Vargas Llosa, inicia su singladura planteando una reforma de la Constitución. Por qué: porque quieren rescatar para el Estado competencias como la educación y porque quieren modificar la Ley Electoral de forma que los partidos nacionalistas no salgan beneficiados en las elecciones generales en detrimento de las formaciones de implantación nacional. A priori, nada extravagante, aunque ya veremos cómo se lo toman algunos: ¿será una nueva amenaza para el sagrado consenso nacido de la transición? De momento, UPD se declara laico y progresista.
La Corona fue la salida posible desde el franquismo porque hizo valer su papel institucional como contrapeso del Ejército, entre otros poderes fácticos (la Iglesia, entre ellos). Allá por 1977, cuando se discutía aún la forma de Estado en el borrador de la Constitución, el PSOE elevó un voto particular a favor de la República entre un gran estrépito orquestado por una parte de la prensa, que ya por entonces hacía negocio vislumbrando los intereses desestabilizadores de unos y otros. Algo parecido ocurre hoy: cuando unos – según se les califica - jovenzuelos, radicales, antisistemas, separatistas deciden tener su minuto de gloria en los informativos quemando fotografías de los Reyes o la bandera de España, no son pocos los que vislumbran una nueva conspiración en torno al “España se rompe” y, en su amor ciego a la Monarquía, encuadran a la ciudadanía para espetar que un posible cambio de la forma de Estado significa la destrucción de éste y la disgregación de la Nación. Que a nadie se le ocurra, más allá del despropósito pueril de los famosos jovenzuelos, abogar por el federalismo o plantear el advenimiento de la República porque puede ser castigado en la hoguera del descrédito. Tú eres como aquéllos que queman al Rey, dirán.
En la carrera por presentarse como defensores a ultranza de los Reyes, un periódico de ámbito nacional llegó a publicar unas cartas de unas mujeres víctimas del terrorismo de ETA defendiendo la continuidad de la Monarquía. “De nuevo los ciudadanos más sufrientes y sacrificados nos señalan el camino por el que debe discurrir la convivencia nacional”. La contorsión de este planteamiento es manifiesta, aunque es verdad que subyace el verdadero valor de los símbolos nacionales: su significación utilitaria. Allá donde está la bandera española se defienden, como ciudadanos iguales de un mismo país, nuestros derechos y libertades.
Ya digo que todo esto tiene su dosis de sobreactuación. Desde el derrumbamiento del absolutismo, los litigios de los pueblos no se plantean tanto en torno a las formas del Estado como en la defensa de las libertades y de las alternativas de poder que se ofrecen a los ciudadanos.
Luego están las acusaciones veladas sobre el papel que juegan los miembros de la Casa Real en la sociedad actual. El presupuesto que se les designa, los negocios espurios, las declaraciones polémicas. Releo una entrevista a Javier Marías a propósito de la publicación de su libro Verano y sombras y adiós. Me llama la atención –porque coincido plenamente con él- unas palabras sobre el papel del Estado: “Las sociedades actuales exigen transparencia, que se sepa todo. Y creo que eso es erróneo. El Estado ha hecho cosas delictivas, y eso lo sabemos todos. Todos los Estados lo hacen. Pero en esa exigencia de transparencia hay un elemento de hipocresía. Lo normal es que la gente quiera creer que el Estado no hace nada, y hace muchísimas cosas. Y ahora también pasa que siempre que ocurre algo, un accidente, por ejemplo, lo que primero se hace es buscar culpables o responsables, no se acepta el azar. Y eso responde a una soberbia enorme por parte del ser humano. Todos nos podemos equivocar. Yo puedo cometer una falta de ortografía, u otras equivocaciones, todo el mundo está expuesto a equivocarse. En cuanto a los Estados, todos tienen las manos manchadas. Siempre, de siempre. A nadie le puede caber duda de eso. Lo que pasa es que se prefiere ignorar”.
Unión Progreso y Democria (UPD). La nueva formación política, liderada por Rosa Díez con el apoyo de Fernando Savater, Carlos Martínez Gorriarán o Mario Vargas Llosa, inicia su singladura planteando una reforma de la Constitución. Por qué: porque quieren rescatar para el Estado competencias como la educación y porque quieren modificar la Ley Electoral de forma que los partidos nacionalistas no salgan beneficiados en las elecciones generales en detrimento de las formaciones de implantación nacional. A priori, nada extravagante, aunque ya veremos cómo se lo toman algunos: ¿será una nueva amenaza para el sagrado consenso nacido de la transición? De momento, UPD se declara laico y progresista.
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